Ojalá todos los valores absolutos de las voluntades que no he expresado hasta el momento, se sumaran justo en este maldito instante, y entonces, lo mandaría todo al carajo. Sí, es triste no tener la voluntad para levantarse después de haber tropezado. Y es que tengo una capacidad monumental para dejar que nada, y digo nada, me conmueva.
Es hora. Los viajes con destino me revientan. Y es que cada uno tiene sus metas, y la mía no es ésta. Pero no, que no voy a retroceder, sería tiempo perdido, por no hablar de ilusiones. Voy a comprar un billete, de ida y vuelta, por si existe el arrepentimiento. Y a aquel que me pregunte por mi destino, uy a ese... Y que no necesito nada, personas y unas copas, y se acabó, y me marcharé, invidente, sin saber, cansada de todo pero harta de nada. Es hora de cambiar de rumbo, esta vez sin destino.